Tógar (El último Guardián II)

TÓGAR

(El último Guardián II)

 

 

CAPÍTULO I

 

 

20 DE SEPTIEMBRE. 4. P.M.

POBLACIÓN: OLD GUN.

DESIERTO DE CALIFORNIA.

         E.E.U.U.

 

         Hacía mucho calor y las moscas eran insoportables. Tenía que ser ahí, lo presentía. El pueblo no era muy grande pero más valía asegurarse. Debía tener mucho cuidado, si era una trampa… pero no tenía opción. Si era cierto… no.

         Entró en el que parecía el único bar del lugar. Era un sitio limpio. A su derecha tres ancianos jugaban a las cartas y en la barra, dos corpulentos hombres que por su aspecto parecían camioneros, bebían cerveza. Hablaban de trabajo. Me acerqué a la barra con naturalidad.

         - ¿Qué es lo que quiere tomar? –me preguntó el camarero, un hombre enjuto y de aspecto enfermizo que contrastaba con su alegre actitud.

         - La bebida nacional.

         - ¿Whisky? –preguntó indeciso.

         - Coca Cola.

         - Ja, ja, ja… Muy bueno, ese no me lo sabía. ¿La quiere con hielo? –preguntó amable.

         - Si no es molestia, con este calor…

         - No se ven a muchos turistas por aquí –dijo a la vez que la servía en la inmaculada barra.

         - Estoy de paso, he venido a ver a unos amigos…

         - ¿Qué amigos? –preguntó a mi espalda una gruesa voz, desde la puerta.

         Al girarme, vi al típico Sheriff de pueblo, con los brazos puestos en jarras. A su lado, un ayudante con cara de tonto. El policía, a pesar de su orondez, era peligroso; no se le podría engañar con facilidad y ocultaba algo, algún secreto. Debía intentar no mentirle.

         - Ese es el problema que no sé dónde se alojan.

         - Eso no es muy normal –dijo avanzando apoyando la mano sobre la culata de la pistola que aún permanecía en la cartuchera, pero que no lo haría por mucho tiempo, si mis explicaciones no le satisfacían.

         - No me he expresado bien Sheriff, sé que están alojados en el Sant James, lo que no sé es dónde está.

         - ¿Y sus amigos tienen nombre? –preguntó suspicaz, no iba a soltar la presa tan fácilmente.

         - ¿Conoce a Mark Temple o a su esposa, la Doctora Susan Sen?

         - ¿Es amigo de Mark y Susan? –preguntó cambiando radicalmente su actitud, demostrando gran interés.

         - Desde hace mucho. Les dije que un día de estos me pasaría por aquí y finalmente me he decidido a darles una sorpresa.

         - Si es amigo de ellos, lo es mío. Permítame indicarle dónde están los apartamentos, pero antes tómese algo conmigo.

         - Será un placer Sheriff –dije pensando que lo que buscaba en realidad era más información.

 

        

         El lugar parecía despejado. ¿Pero quién podría saberlo? Podrían haber estado escondidos a tres metros de mí y no me habría dado cuenta. Si yo fuera ellos, me alojaría en el mismo apartamento, el número doce, aunque claro ese era el mejor sitio para una trampa.

 

 

         - ¡Mark! ¿Te importaría guardar las tazas de café en la alacena? –preguntó desde la cocina.

         - ¿Seguro que tu profesión frustrada no es la de Sargento? –bromeó mientras las llevaba. Abrió la alacena a la vez que escuchaba cómo ella lavaba los platos de la comida. Era una cabezota, se negaba a permitirle comprar un lavavajillas.

         Cuando terminó, se acercó sigiloso y la rodeó por detrás besándola en el cuello.

         - ¿Quién será el apuesto caballero que me besa a traición? –preguntó coqueta.

         - Y un poco cascado. Me hago viejo a toda velocidad.

         - ¿Viejo tú? Pero si no paras…

         - ¿Lo dices por lo de anoche? –preguntó pícaro.

         - ¡Mark! –exclamó divertida.

         - Voy… –comenzó a decir interrumpiéndose al oír el timbre.

         - ¿Esperas a alguien? –preguntó Susan extrañada. Eran las tres y, con ese calor, nadie del pueblo salía.

         Mark fue hasta la puerta y la abrió. Miró al visitante y se quedó de piedra. No podía creerlo. Fue tal la impresión que empezó a retroceder lentamente, sin poder dejar de mirarle, parándose delante de la puerta de la cocina. Susan comprendió que algo ocurría y se asomó. El hombre avanzó hasta ellos, serio y sin dejar de mirarles.

 

 

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  • LIBRERÍA THEYS: c/José Mª Salaverría, 43 (Bº de Amara)

 

 

 

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