Foto Final

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FOTO FINAL
Era un día estupendo y la playa estaba abarrotada. Extendí la toalla y con mi nuevo bañador me tumbé a tomar el sol, boca abajo y comencé a otear el panorama. A mi derecha, un grupo de alteradas quinceañeras, un tío estilo “farda paquetes” y dos marujas con media docena de repelentes niños. A mi izquierda, tres “macizas” de impresión y un poco más lejos, otro grupo de bollitos. Gracias a mis gafas de sol podría mirarlas descaradamente.
Al cabo de una hora sentí hambre y metiendo la mano en la mochila, saqué un enorme bocadillo de tortilla de patata y un refresco de cola. Lo comí vorazmente y me tumbé boca arriba. Casi de inmediato me quedé dormido. Dos horas después me desperté acalorado, al instante comprendí que me había abrasado. Algo mareado miré a mi alrededor y vi que la playa estaba casi vacía. Me llegaba un extraño eco y cuando conseguí centrarme, me di cuenta que se trataban de los altavoces que avisaban de una inminente galerna. Recomendaban a todo el mundo que saliera de la arena y se refugiara. Casi no podía moverme, estaba atontado, sediento. Me incorporé del todo sentándome, levantando un poco la goma del bañador que me mostró una clara e inequívoca diferencia entre mi blanco vientre y mi roja barriga. Si ahora se veía así, no quería pensar cómo iba a estar a la noche.
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