Insaciable
INSACIABLE
Cada año, cada mes, cada semana, cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo… veo cómo se forma una gota en el techo y cae con sonoridad dentro del lavabo, una y otra vez. No me importa, aquí estoy seguro.
Oigo cómo alguien se acerca. Por los pasos es García. Viejo, gordo y simpático, muy simpático. ¿Será ya la hora? Debe ser. Se detiene ante mi gruesa puerta. Sigo acostado cuando coge el manojo de llaves y, como siempre, las va probando una tras otra hasta dar con la correcta. ¿Por qué no las numerará? Tras cinco intentonas acierta y gira la llave, abriéndola…
– Hola, Pedro.
– Hola, García. ¿Es la hora?
– Sí. El Director te está esperando.
– Cogeré mi bloc de notas.
Agaché la cabeza al pasar por la puerta para no golpearme… otra vez. Mi metro noventa y cinco nunca me ha ayudado demasiado…
El pasillo estaba flanqueado por las puertas de las otras celdas. En la primera de la derecha estaba Juan, que creía que era uno de los apóstoles y en la de enfrente… bueno, él se hacía llamar la mosca humana. Era un tío repugnante, masticaba la comida hasta convertirla en una pasta, la escupía y luego la sorbía con una pajita. Era la única forma de que comiera, probaron a quitarle la pajita y casi se muere de hambre… El pabellón estaba lleno de locos y yo vivía con ellos.
El techo del pasillo estaba descascarillado en muchos lugares y sus manchas denotaban la ingente humedad. Necesitaba urgentemente una buena capa de pintura. Pero como por todos era bien sabido, no había presupuesto para ello. El pasillo terminaba en una doble verja y que, como siempre, Andrés nos abrió gastándome la misma broma.
– No te preocupes, que cuando vuelvas la celda estará en su sitio –dijo a la vez que soltaba la habitual risita absurda. Le seguí la corriente y me reí, siempre lo hacía. Si a él le hacía feliz…
Tras la segunda puerta, unas escaleras de caracol subían hasta la siguiente planta, que daba a otro pasillo con más celdas. Otra verja doble, una salita con tres puertas y tras la de la izquierda, un vestíbulo con una puerta blindada, forrada con láminas de caoba o, al menos, lo parecían. Había hecho tantas veces ese recorrido que si me lo propusiera podría hacerlo con los ojos cerrados, a la pata coja y de espaldas.
García llamó con los nudillos y un seco ruido metálico sonó en su interior. Ahora se podía abrir. Entramos y vimos que el Director estaba sentado tras su escritorio, semioculto por varias pilas de expedientes. Dejó el que estaba leyendo y me dedicó una amplia y sincera sonrisa, haciéndome un gesto para que me sentara en una de las dos cómodas sillas que estaban al otro lado de su mesa.
…

#1 by Bebedor compulsivo on 10/ene/2012
Joderrrrrr, la papelera esa me recuerda a mí y los cubatas por la noche,… insacible total… Muy bueno.
#2 by Babilonia on 12/dic/2011
¡Pero si es un relato de terror! Y muy bueno. Yo que me descargo uno al azar para probar si me iba a gustar la ciencia ficcción y elijo uno de mi género favorito…. Probaré de nuevo…