Tenía que aterrizar, la célula de energía estaba dañada y se agotaba rápidamente. La Torre de Control de Cloarca le había detectado nada más entrar en su radio de acción. Estuvo dándole largas a ese tal Fredy hasta que consiguió entrar en su atmósfera. Seguro que informaría al Imperio, pero como había modificado tanto su nave, tenía la esperanza de que no lo relacionaran y pensaran que era un simple traficante. Optó por aterrizar en un pequeño claro cerca de la capital, entre dos grandes campos de cultivos; en uno, crecían cereales de engorde para ratas mutadas y en el otro, nabos, berzas, acelgas y alcachofas que se usaban para la fabricación de helados para vegetarianos.
Se armó fuertemente. A pesar de su experiencia militar, iba a ser complicado llegar a la ciudad. Estaba en un área no urbana y según los escasos archivos de la nave sobre el planeta, los campesinos de Cloarca eran de todo menos sociales. El sistema de camuflaje de la nave impediría que la vieran a no ser que se acercaran a menos de cinco metros, no obstante, dejó activado el escudo defensivo.
Ocultó sus armas bajo la larga gabardina hecha con piel de intestinos de estrella de mar y salió al exterior, bajo el suave sol del inicio de lo que podría ser la primavera. Avanzó con cautela hasta el borde del primer campo. No se veía ni un alma, sólo algunos antiguos y oxidados robots de control de plagas. Permaneció inmóvil durante más de media hora, hasta tener la absoluta certeza de que no había nadie oculto. Se fue alejando pasando entre los campos de cultivo, asegurándose, eso sí, de no invadir ninguno, no fuera a ser que esos horrorosos espantapájaros (llegaba a apreciar varios por campo y cerca de su centro, lo que hacía que no pudiera distinguirlos muy bien bajo el potente sol) fueran, en realidad, detectores de ladrones y le tomaran por uno…
Tras más de tres horas de penoso caminar por los duros y resecos terruños que eran los senderos (por llamarlos de alguna manera) entre campos, llegó a una carretera secundaria. No se había alejado ni un par de kilómetros, cuando oyó un extraño ruido que provenía de la lejanía. Miró hacia el final de la carretera y vio que algo se acercaba. Era una especie de vehículo, suposición que confirmó cuando pasó raudo, ruidoso y humeante a su altura. Súbitamente, se detuvo unos metros adelante y se asomó un orondo hombre que miró con desconfianza hacia todas partes.
– ¿Qué culo estreñido hace aquí, solo y a pie? –le preguntó sin salir del todo.
#1 by Rosalinda on 5/dic/2011
¡Cómo me he reido! ¡Buen trabajo!
Rosa.