Mineros Porcinos (Cloarca nº6)
MINEROS PORCINOS
Miró las montañas y los recuerdos se agolparon en su mente. Había pasado toda su infancia en ese lugar. Inspiró con fuerza y aquel familiar olor invadió sus fosas nasales. ¡Qué bien se lo había pasado! ¡Cómo había disfrutado con sus amiguitos revolcándose en los ríos de excrementos! La última vez que volvió, había descubierto que varios de ellos aún vivían en el campamento y que, como su padre, trabajaban en las minas porcinas. Él también lo había hecho hasta los catorce años, pero un día decidió probar suerte en la ciudad y bueno… fue dando tumbos hasta que conoció al Calvo Sexy que le sacó de los pequeños hurtos y le introdujo en su recién formada banda, ahora sus mejores y únicos amigos.
El Marqués de Kartimbao tomó aire y empezó la ascensión por la empinada cuesta. Se rió pensando que si alguno de esos de la ciudad intentara subirla, rezumante de los restos de las minas, se pegaría un buen trompazo. Había que ser minero porcino o haberse criado allí para poder avanzar por una cascada de excrementos como la que estaba pisando. Tan sólo tardó una hora en llegar hasta la gigantesca y negra boca de entrada a la galería de túneles. Plantado en medio, permanecía un tío enorme con cara de pocos amigos.
– Oye, tú. ¿A dónde te crees que vas? Conozco a todos los que trabajan para la compañía “Jamones Sucios y Triquinosos sin fronteras” y a ti no te he visto nunca.
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#1 by Amador Gárate on 21/abr/2012
¡Ja! Muy bueno, no se me habría ocurrido algo así ni en mil años. ¡A por el siguiente!
Saludos.